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INSTITUTO YRIGOYENEANO

 

 

 

 

 

UNA NUEVA INTERPRETACION DE LA

 HISTORIA DEL RADICALISMO

 

 

 

Por Alejandro Simonoff*

 

 

La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica no es para él lo que sucedió, es lo que juzgamos que sucedió. (Jorge Luis Borges “Pierre Menard, autor del Quijote”)

 

La Plata, Mayo de 2002


 

Nuestro principal objetivo es presentar una interpretación que ayude de guía para aquellos que quieran acercarse a los principios que marcan la historia del radicalismo. Como se desprende de ello, el presente trabajo no es estrictamente histórico sino que incorpora especulaciones filosóficas y políticas.

Este texto es un recorte de nuestro pasado en donde intentamos mostrar las tensiones con el presente que nos toca vivir y sus proyecciones hacia el futuro. Por ese motivo decidimos reescribir algunos aspectos del trabajo original. Ha variado no sólo nuestro presente, sino también sus proyecciones al porvenir. [1]

Nos enfrentamos por primera vez a una forma de derrocamiento de un presidente radical distinta: ni Yrigoyen ni Illía, como tampoco Alfonsín, cayeron por no haber hecho lo que prometieron sino precisamente por eso. En esta oportunidad el derrocamiento fue producto del alejamiento de nuestra propuesta y de la gente que nos acompañó con su voto.

A pesar de esta adversidad del presente, seguimos creyendo, como muchos de los hombres de nuestro partido que nuestra causa es la conclusión de la revolución de 1810 para lograr construir una alternativa política democrática en manos del radicalismo ante los grupos que pretenden perpetuar su poder sectorial en esta sociedad, creando estructuras para mantener su dominación política, económica y cultural.


I

 

El golpe de septiembre de 1930 marca el inicio de la decadencia de los argentinos como sociedad moderna. Los motivos son múltiples, pero creemos que el fundamental esta dado en el escaso desarrollo político de las elites dirigentes de entonces, en donde la polarización entre los yrigoyenistas y quienes no lo eran pasó a ser el eje central de la política de entonces.

Pero ¿cuáles eran los motivos para tal división? Según Halperín Donghi, los “herederos” de la tradición liberal en la Argentina fueron marginados del espectro político por su falta de representatividad. Los avances de la democracia de masas ocasionó una frágil solución política entre la conservación de las clases propietarias, a quienes estos sectores representaban, y las exigencias de democratización por parte de las masas.[2]

Este delicado equilibrio hizo que las elites optaran por el golpe y el fraude para mantener sus privilegios. Pero si el radicalismo es también heredero de la tradición liberal argentino ¿qué es lo que pasó?

Lo que hay que resaltar es que muchas de las transformaciones que sufre el radicalismo son producto de los cambios que se operaron en el liberalismo decimonónico. En sus orígenes el radicalismo es heredero del liberalismo del siglo XIX, pero con rasgos propios, ya que es una variante solidarista. A pesar de ello, no escapó a la transformación que en este siglo se produjo en esta tradición que, como dice Eric Hobsbawmpodía desaparecer o hacerse irreconocible.[3]

Y precisamente esa transformación y las características propias del radicalismo son los elementos que lo llevaron a navegar hacia otras ideologías, como la socialdemócrata fundamentalmente.

Dentro de un pensamiento progresista, el radicalismo posee reivindicaciones liberales aunque en un sentido distinto. La convivencia actual con pensamientos socialdemócratas nos lleva a las palabras de Lefort cuando dice:

... el hombre de izquierda no comunista, se siente a la vez liberal y socialista, invoca de buena gana los principios de 1798 y les gusta imaginar un héroe mezcla de socialismo y liberalismo.[4]

Es decir el pensamiento progresista en la actualidad se desarrolla sobre la base de las ideas de la Ilustración, como sostiene Bowles y Gintis:

La lingua franca de los estudiantes de Soweto y de los de París, de los armadores navales de Gdansk y de los ecologistas - los verdes- de Berlín, o también de las feministas de todo el mundo, la Constitución de 1987 de Nicaragua, no se basan en el Manifiesto Comunista no más que al discurso revolucionario marxista, más bien a la Declaración de los Derechos del hombre y el ciudadano de la revolución francesa, o de la Declaración de los Derechos americana, uno y otro producto de la tradición liberal. [5]

El radicalismo reivindica posiciones liberales como el lema de Yrigoyen para llegar a la presidencia para “restablecer la Constitución del 53”, frente a un liberalismo que ejerció el poder de manera autoritaria y centralista, dejando de lado las banderas políticas por ellos profesadas.[6] No es cierto como dicen algunos liberales que en la Argentina los conservadores fueron liberales, sino que “el liberalismo... se ha metamorfoseado con frecuencia en un instrumento del conservadurismo.”[7]

Otro punto es de índole filosófico-política y lo encontramos en la búsqueda de Yrigoyen de un liberalismo solidarista –en donde el Krausismo[8] juega un rol fundamental - cuando sostenía que la democracia debía garantizar un mínimo de bienestar, además de las consabidas libertades.

Pensamos que esta actitud autoritaria del liberalismo se debe a lo que Hannah Arendt señala como “la expansión del poder político sin la fundación de un cuerpo político.”[9] En nuestro caso la expansión del poder político está dada por el proceso de nacionalización (formación de un gobierno nacional fuerte, capitalización de Buenos Aires, nacionalización de las rentas de la Aduana, etc.) y también por las campañas a la Patagonia y el Chaco Austral que son aspectos que marcan el nacimiento de la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX. Nos referimos así por creer que tras el proceso de organización nacional, nuestro país vio el nacimiento de su historia, sus mitos, sus espacios. En este proceso, como ya lo señaló Oscar Terán, “se conoce que el positivismo desempeña un papel relevante en esa empresa.”[10]

El 26 de Julio de 1890 tuvo lugar uno de los eventos más importantes de fin de siglo y principios del XX, que marcó el comienzo del fin de un modo de hacer política y la inclusión de las grandes masas populares en la vida política argentina.

Para poder rastrear cuáles fueron las causas que produjeron esa revolución del 90, creemos necesario hacer brevemente una explicación de cuáles fueron los aspectos políticos y económicos que rigieron la consolidación del estado nacional desde 1880. Desde el punto de vista político, como ya dijimos, creemos que el fin de las luchas de la organización nacional que terminaron hacia 1880, permitió al país abrir una nueva etapa. Los pequeños grupos que detentaban el poder a través de la alianza de gobernadores provinciales, denominada Partido Autonomista Nacional (PAN) con su principal arquitecto: Julio A. Roca, constituyeron el instrumento por el cual la oligarquía nativa va a consolidar su poder.

Los planteos de federalismo, democracia representativa, división de poderes fueron desvirtuados por los liberales que gobernaron tras la consolidación definitiva del Estado Nacional (c. 1880), como dice el autor mexicano Abelardo Villegas, quiénes “creían que el gobierno era patrimonio suyo y no sólo echaban mano de una legislación restrictiva sino también el fraude sistemático.[11]

Estos cambios producen transformaciones en las características del grupo gobernante como lo señala José Luis Romero:

... elevada a la categoría de oligarquía... la antigua elite republicana comenzó a precisar su posición y su conducta una vez que descubrió que tenía en manos los instrumentos que podían asegurarles el goce de sus privilegios.[12]

Las actitudes autoritarias del liberalismo se daban en la adhesión al centralismo unitario, producto en parte de una coyuntura (la guerra de la Independencia) y de circunstancias estructurales como puede ser la tradición hispánica (fuertemente autocrática). De ahí la particularidad asumida por nuestros liberales según lo explica Ricaurte Soler.[13] Pero es precisamente en esta etapa (c. 1880) cuando por acción del positivismo comteano, el liberalismo:

... estaba indudablemente capacitado para articular una serie de temas y de categorías legitimadoras de la preeminencia de un Estado fuertemente centralizado.[14]

Contra esta situación es que Leandro N. Alem, uno de los herederos del rosismo, del autonomismo de la provincia de Buenos Aires y del partido republicano se levanta en su célebre discurso en contra de la Capitalización de Buenos Aires, donde entre sus párrafos más sobresalientes dijo:

Nuestra Carta Nacional es más centralista que la norteamericana y la suiza. Nuestra legislación es unitaria, como no lo es en la primera y las facultades respecto del ejército no están en la segunda. Y puedo aventurarme a decir que nuestro Ejecutivo es más fuerte todavía que el mismo Ejecutivo de Inglaterra, no obstante ser monárquica aquella Nación.[15]

Lejos de descentralizar y abrir el sistema político, Roca va a optar por concentrar y reducir aún más con la elección de su cuñado Juárez Celman como su sucesor. Este va a ser un presidente que lejos de buscar nuevos marcos políticos se fue cerrando sobre sí mismo. No es casual que en 1890, durante la presidencia de Juárez Celman (1886-1890), se produzca “el punto más alto de la influencia spenceriana en la política económica y religiosa del gobierno argentino[16] cuando se produce la Revolución del Parque. En ella se exteriorizaron dos cosas: la reacción frente a la mala estructuración espacial de la Nación en torno a Buenos Aires con sus intereses agroexportadores;[17] y la crisis del sistema político imperante basado en la corrupción y el fraude necesario para mantenerlo.[18] Estas diferencias se ahondaron más en la medida que el liberalismo, atrapado por el positivismo, será centralista y autoritario y el radicalismo por el krausismo[19], será federalista y democrático.[20]

El proceso económico generó la modernización de la estructura económica argentina con las actividades agrícola-ganaderas, con la extensión de las vías férreas, con el endeudamiento externo, con la vinculación con Gran Bretaña, con la llegada masiva de inmigrantes.

En esa década se produjo el mayor crecimiento económico en la historia económica argentina pero este crecimiento tenía dificultades: el importante crecimiento de la deuda pública nacional por la gran cantidad de emisión de monedas, y también en el fortalecimiento de un esquema periférico de nuestra economía. Todos estos aspectos van a potenciar la necesidad de financiamiento externo constante y, cuando ese flujo se cortó en 1890, se afectó a la actividad económica. Al margen de estos problemas estructurales también existían otros como la corrupción generalizada.

Desde la política los grupos van a reclamar su participación: los inmigrantes, las clases medias, los obreros, fueron el caldo de cultivo para la gestación de la revolución del 90.

En Septiembre de 1889 se van a notar los primeros síntomas con el mitin que la Unión Cívica de la Juventud organizó, y donde participó Leandro N. Alem que con su florida prosa va a levantar a los jóvenes en contra de este sistema político. Al siguiente año se produjo el acto del Jardín Florida, en abril del 90, allí estuvieron los sectores desplazados del poder, quienes formaron la Unión Cívica, y que van a motorizar la Revolución del 26 de Julio de 1890.

Esta tuvo dos jefes Alem que era el jefe civil y el general Campos que era mitrista como jefe militar. La falta de coordinación conspiró contra su éxito. Y no sirvió de nada la tesonera actitud de los hombres de Alem para tratar de luchar y por hacer triunfar a la revolución ya que el general Campos además traicionó los principios que la impulsaban. Si bien la Revolución fracasó en términos objetivos, va a permitir el recambio por el vicepresidente Carlos Pellegrini.

La actitud mitrista facilitó el acuerdo entre Mitre y Roca; los grupos oligárquicos no abandonaron el poder.El rechazo de este acuerdo produjo la división de la Unión Cívica en Unión Cívica Nacional (mitrista) y la Unión Cívica Radical (Alem e Yrigoyen).

Esta división no se debió sólo a motivos circunstanciales, sino que contribuyó a la formulación de los elementos básicos de la ideología radical: la intransigencia, la abstención y la revolución.

El primero de ellos tiene que ver con el rechazo de aquellos acuerdos electorales de corto alcance, de allí el segundo elemento: la abstención, que es la decisión de no participar de los comicios hasta que estos fueran libres, y finalmente la revolución como instrumento para llegar a la “reparación” que significa el reemplazo del corrupto sistema electoral que impedía el libre sufragio por el gobierno de la nación. Existieron intentos revolucionarios en 1893 y 1905 que fueron abortados.

En 1896 Alem se suicida y el partido entró en un letargo hasta que toma la conducción Hipólito Yrigoyen quien lo dinamizó y constituyó el segundo intento revolucionario de 1905.

Yrigoyen entendió que sólo la construcción del cuerpo político se podía lograr con la revolución, como ocurrió en Uruguay. Allí, la actitud de los partidos políticos fue mucho más madura que en la Argentina, si bien es cierto que existió una derrota militar de un sector - los blancos de Aparicio Saravia en 1903- existe como antecedente importante la coparticipación, que “consistía en un reparto de dominio político que se hacían los partidos tradicionales.”[21] Es cierto que ambos partidos en pugna - Blancos y Colorados - se incorporaron al juego democrático y avanzaron durante las Presidencias de Battle (1903-07 y 1911-15) hacia la conformación de un Estado Social de Derecho sólo comparable en Latinoamérica por el Estado emergente tras la Revolución Mexicana de 1910.

También es cierto que existe una actitud política diferente en los sectores medios de ambos países, ya que nuestro radicalismo es el único partido de Latinoamérica conformado desde la clase media[22], no así el Batllismo que la incorporó a un partido ya existente – el Colorado -.

En la Argentina no existió tal situación política, producto  de la segregación de las mayorías del juego político – como consecuencia del darwinismo social, reflejado por la exclusión de las clases medias del poder y las leyes discriminatorias hacia los obreros -.[23]

Producto de la crisis del liberalismo algunos sectores de la elite empezaron a visualizar la necesidad de reformar el sistema político restrictivo. Existen los primeros intentos con Figueroa Alcorta que fracasan, y fue recién con Saeñz Peña, quien tras acordar con Yrigoyen, sancionó las normas de sufragio libre, secreto, universal y obligatorio.

El radicalismo ganó la primera elección provincial bajo esta legislación en 1912. La Unión Cívica Radical no es sólo el primer partido político moderno sino que es una alianza civil, es la expresión de la nación excluida económica y políticamente.


II

 

El radicalismo llegó al gobierno tras ventiseis años de lucha, en los primeros comicios presidenciales limpios. Aquí se inauguró un período en el cual este movimiento político fue el más importante, llegando a la conducción del país hasta el golpe de 1930, y siendo mayoritario hasta la llegada del peronismo en 1946.

En la elección del 2 de abril de 1916 la fórmula Yrigoyen-Luna obtuvo 339.000 votos y 143 electores; los Demócratas Progresistas 122.000 y 65, el Partido Socialista 52.000 y 14 y el radicalismo disidente de Santa Fe 28.000 y 19. El binomio radical triunfó en el Colegio Electoral con los votos de los disidentes, obteniendo 152 votos. Como resultado de esta elección el radicalismo tuvo minoría en ambas cámaras. En diputados, recién en la siguiente elección obtuvo mayoría, cosa que nunca ocurrió en el Senado.

En 1916 se quiebra la sucesión de gobiernos oligárquicos, según el mismo Yrigoyen, con el radicalismo “la Nación ha dejado de ser gobernada para gobernarse a sí misma.”[24] El 12 de Octubre de 1916 fue una fecha de grandes expectativas, en donde:

... los enfervorizados radicales desunieron los caballos de la carroza presidencial y arrastraron el vehículo... la lenta travesía... fue una apoteosis sensacional. Un vocerío imponente surgía de miles de gargantas. Veredas, balcones y hasta árboles repletos de racimos humanos. Era un día de gloria...[25]

Muchas de estas expectativas estaban fundadas en un rasgo distintivo de la nueva democracia que se instauró en la Argentina:

... la democracia no consiste sólo en la garantía de la libertad política: entraña a la vez la posibilidad para todos de poder alcanzar un mínimum de felicidad siquiera.[26]

Es necesario aclarar que fue un gobierno con limitaciones fácticas muy importantes. A pesar de los sucesivos triunfos radicales, gracias a la ley Saenz Peña (1912), que le permitieron primero ganar la presidencia (1916) y después la mayoría en la Cámara de Diputados (1918), hasta el famoso plebiscito de 1928 marcaban la preponderancia del radicalismo, éste nunca tuvo mayoría en el Senado de la Nación ni injerencia en la Suprema Corte de Justicia.

Esta falta de mayoría en el Senado produjo que los conservadores obstruyan muchas iniciativas parlamentarias y “por esas circunstancias el régimen radical no cuajó en una definida y compacta obra legislativa que modificara a fondo la fisonomía social del país.”[27]

El problema grave del radicalismo es que consolida su posición sólo en términos de votos individuales, no de organizaciones o de factores de poder que cuenten con medios regulares de acción o de expresión.[28] Una prueba de ello es lo señalado por Hugo del Campo quien sostiene en el caso del movimiento obrero que sólo existía una relación “personal” entre el caudillo y los dirigentes obreros de tendencia sindicalista de entonces.[29]

El krausismo generará no sólo aspectos místicos (como las múltiples expresiones religión cívica, causa, régimen, etc.), sino definiciones políticas concretas como la conceptualización de la Nación en el hecho de que:

La vida institucional y solidaria que propone para la Nación es, según Yrigoyen, la superación de la antigua Argentina dividida en fracciones en oligarquía privilegiada y mayorías discriminadas.[30]

O de las nacionalizaciones de los recursos naturales producto también de ese solidarismo en donde “el interés nacional predominaba sobre los particulares.”[31]

Alvear inicia el segundo gobierno radical acompañado por Elpidio González. Tras una elección donde el radicalismo se impone en 12 de los 15 distritos que conformaban el país. Durante su gobierno el radicalismo sufrió en 1924 una división, entre personalistas (o seguidores de Yrigoyen) y antipersonalistas (que era un grupo bastante heterogéneo). Esto debilitará su accionar político, ya que los yrigoyenistas conformaron la mayoría en diputados. Para revertir los efectos de la crisis de posguerra, que habían generado fuertes demandas obreras en la gestión de Yrigoyen, se tomaron las primeras medidas proteccionistas para el sector industrial y fue un período de solidez económica.

En Marzo de 1928 ocurre el famoso plebiscito donde obtiene 840.000 votantes contra  440.000 de toda la oposición, es decir el 57, 4%, y desde ese momento la prensa opositora como el diario La Fronda el 20 de ese mes y año dijo:

Yrigoyen a triunfado porque hoy los aplauden en todas las cárceles, los indultados, los reincidentes, mara-donna, rufianes, dueños de casa de juego y lenocinios, 500.000 empleados u obreros ocupados en las compañías.[32]

El trato despectivo, casi racista hacia los inmigrantes y la vinculación a Yrigoyen con el bajo mundo, marcan una pauta de cómo se tergiversaban los hechos.

En las elecciones para diputados del 2 de Marzo de 1930 se sintieron los efectos de la crisis en una baja del caudal electoral del radicalismo, que marcó la posibilidad del cambio en las estructuras político institucionales, aunque muchos se negaron a seguir el camino de la ley para iniciar el triste camino del golpe de estado primero, y la marginación política después durante los años que siguieron a 1930.

Los rumores en los cuales se basó la oposición se impulsaban desde la llamada prensa seria. Cabe aclarar que “dejó de apoyar a Yrigoyen a poco de comenzar su primer gobierno, y se convirtió en encarnizada enjuiciadora”, como en el caso del diario La Prensa del 12 de octubre de 1922 en donde se hace un análisis de la gestión.[33] Los argumentos utilizados, fueron la esterilidad parlamentaria, el “saqueamiento” del Banco Nación. El primero de los planteos, no es responsabilidad del gobierno o de los diputados oficialistas, ya que en el Senado de la Nación, como ya dijimos el radicalismo nunca tuvo mayoría, y eran los sectores minoritarios quienes ejercían una creciente obstrucción parlamentaria, como lo demuestra el mensaje enviado al  Senado de la Nación en donde se pide la aprobación de varios proyectos que están demorados allí - como la legislación petrolera, reformas al arrendamiento rural, convenio D’Abernon con Inglaterra, entre otros -.[34] Pero lo más peligroso de esta crítica era el creciente descreimiento de las instituciones democráticas que tenían los sectores del “Régimen”. El segundo punto como señala Gabriel Del Mazo: “Después del Golpe, quedó públicamente comprobado no sólo el estado de solidez del Banco, la corrección de su manejo y sus extraordinarias ganancias...”[35]

Esta campaña de desprestigio continuo desde los medios de difusión, fue preparando el terreno para la caída del gobierno con una solicitada publicada el 9 de Agosto de 1930 en donde se exigía al gobierno la correcta inversión de los dineros públicos y la fiel aplicación de las leyes orgánicas fundamentales. También se quejan de las dificultades de colocación de nuestros productos cuando ellos mismos boicotearon el pacto D’Abernon – que era un plan de cooperación económica bilateral con Inglaterra- desde las bancas.

Así fue como esta campaña dirigida por los sectores del privilegio crearon una imagen de Yrigoyen que distaba de ser la más auténtica; crearon una base social que les permitió derrocarlo.

Pese al equilibrio institucional, no existía forma de derrotarlo, hasta que la confluencia de dos factores lo permitió - quebrando la tradición republicana y el inicio de nuestra decadencia -: la crisis Mundial de 1929 - nos limitaremos a decir que se tomaron los recaudos necesarios- y una campaña de desprestigio hacia el gobierno.

No obstante esta limitación fáctica, los gobiernos radicales de 1916 a 1930 dictan la Carta Orgánica de la Municipalidad de Buenos Aires, mantienen la neutralidad en la Gran Guerra, apoyan el movimiento reformista universitario de 1918, crean Yacimientos Petrolíferos Fiscales, se crea el Instituto Nacional del Petróleo. Como vemos, la cuestión petrolera tiene una importancia capital, ¿por qué? Porque si lugar a dudas su importancia adicaba en que:

... Gran Bretaña salda su déficit comercial con la Argentina vendiéndole petróleo y los Estados Unidos querían equilibrar la balanza de un intercambio  que deseaba cada día mayor trasladando fuera de la Argentina  los excedentes del petróleo producido por sus compañías.[36]

El aporte de estos gobiernos fueron: a) reivindicación de la soberanía popular; b)respeto al individuo como ser sagrado para los hombres en sus derechos; c) un estado pluralista y democrático, como garantía de una organización social armónica y estructurada; d) integración latinoamericana; e) respeto por la autodeterminación de los pueblos.

En septiembre de 1930 la crisis económica y política que vivía el país, motivo que los sectores conservadores y nacionalistas utilicen al Ejército para desplazar a Yrigoyen del poder iniciando un período de inestabilidad constitucional que duró más de cincuenta años. La crisis económica mundial, iniciada en 1929, repercutió en nuestra economía de una manera sin precedente.


III

 

El 6 de Septiembre de 1930 se instauró en el país la dictadura de Uriburu que intentó esbozar un Estado Totalitario en nuestro país. Pero la diversidad de las facciones que derribaron a Yrigoyen formaban dos grupos: quienes pretendieron un estado fascista  – que hizo agua el 5 de abril de 1931, cuando el radicalismo triunfó en las elecciones para la gobernación de Buenos Aires – y quienes propusieron una democracia limitada impidiendo su concreción, saliendo victoriosos de esta puja, con grupos que estaban formados por sectores populistas muy fuertes como el del Gobernador de Buenos Aires, Manuel Fresco, quien impuso en la provincia un pequeño ensayo del proyecto corporativo.

El debilitamiento del liberalismo en sus aspectos económico y político significó su transformación: aparición en la Argentina de alternativas regulatorias de la economía (creación del Banco Central, las Juntas Reguladoras, el pacto Roca-Runciman, etc.) y, desde lo político, optaron por el fraude como forma de excluir al radicalismo.

Esta transformación afectó también al radicalismo al ser un liberalismo solidarista aunque su eclecticismo – que tiene su origen en el krausismo - le permitió en esta década que convivieran en su seno liberales a la europea (los alvearistas), el nacionalismo democrático representado por FORJA[37] y Amadeo Sabattini[38], las ideas keynesianas y el pensamiento social demócrata[39] del Movimiento de Intransigencia y Renovación.

La ruptura constitucional de 1930 y la adopción del fraude como metodología política influyó sobre toda la vida política argentina generando un ambiente de corrupción generalizada que llevó a denominar a este período, iniciado en 1930 hasta la Revolución del 43, como la “Década Infame”. El radicalismo enfrentó esta situación de dos maneras distintas, la primera desde 1931 a 1935 con la adopción de una oposición revolucionaria y abstencionista, la llamada “abstención corta” para luego participar de las elecciones por decisión de la cúpula alvearista. Esto generó una división importante en el seno del partido, por un lado el grupo oficialista, formado por Alvear y sus seguidores, y por otro, la oposición conformada por el sabattinismo, por FORJA, y luego tras la disolución de esta agrupación por el Movimiento Renovador de la Provincia de Buenos Aires, origen de Intransigencia y Renovación.

Dentro del radicalismo los algunos sectores antipersonalistas[40] que reingresaron al partido tras el golpe del 30, se sumaron al alvearismo y pronto tomaron la conducción partidaria realizando una política antiyrigoyenista. Con la muerte de Yrigoyen, Alvear quedó como jefe del partido. Éste buscó una oposición dentro de la legalidad, aunque, como lo dice Ciria, esta posición fue la que llevó a un desgaste del radicalismo como oposición política que redundo en la gestación del peronismo durante el gobierno de facto de la revolución del 4 de junio de 1943. Dicho en otras palabras:

... Alvear, después de todo, es la figura más representativa de la UCR como partido de oposición – al estilo francés o inglés, claro - dentro de la legalidad, una legalidad trampeada constantemente por el fraude y la discriminación...[41]

El rescate del yrigoyenismo empezó a fines de la década del 30 a partir de Sabattini, reafirmándose con algunas actitudes que toma la Convención Nacional como la de 1937 cuando regresa al planteo de  que el Estado debe “contrarrestar... el poder de las oligarquías que obstaculizan el progreso.[42]

Tras el alejamiento de FORJA  del radicalismo, otro grupo asumió la oposición partidaria, formado también por jóvenes – algunos habían pasado por aquella como Del Mazo y Dellepiane -, otros no –como Lebensohn, Balbín, Frondizi, etc.-. Iniciaron su enfrentamiento con la conducción alvearista, a través del grupo de Intransigencia y Renovación.

Durante la década del 30 y principios del 40 se produjeron cambios sustanciales en la sociedad argentina como que los trabajadores industriales crecieron considerablemente alrededor de Buenos Aires, agudizando el problema del desequilibrio espacial del país. Esto no fue percibido por los partidos mayoritarios de entonces, y sí por quienes –o algunos de ellos- condujeron la revolución de 1943, que justo es reconocerlo hicieron cabida a los reclamos de este nuevo sector. Pero como lo califica Rouquié era “militarista y antipartidario.”[43]

Producto de esos importantes cambios sociales y económicos ocurridos en los años treinta, las vinculaciones entre la política  y la corrupción, además de las erróneas decisiones políticas que la conducción alvearista generaron las condiciones para el ascenso al poder de un nuevo movimiento político, el peronismo.[44] La Segunda Guerra Mundial acelera el proceso de industrialización por el de sustitución de importaciones que cambia la estructura productiva y creó una nueva realidad social.

Ante esta situación el radicalismo pierde el carácter mayoritario que hasta ese momento había demostrado en todas las elecciones libres desde la Ley Saeñz Peña. En febrero de 1946 la fórmula Perón-Quijano se impuso a la alianza Unión Democrática que era encabezada por los radicales Tamborini y Mosca por una ventaja de 300.000 votos.

Mientras tanto en el radicalismo ocurrieron cambios internos, tras la derrota electoral la cúpula alvearista fue desplazada por los miembros de Intransigencia y Renovación (MIR) como Balbín, Frondizi, Lebensohn, Del Mazo entre otros.[45] Con una postura de oposición constructiva, de apoyo a las medidas progresistas del gobierno peronista causó una profunda división en el partido ante la postura fuertemente antiperonista de los unionistas.

Este sector realizó un rescate del yrigoyenismo a través de Lebensohn en un primer momento, luego con Frondizi y Balbín. Incluso en el documento fundamental del MIR, La profesión de fe doctrinaria tiene una clara influencia krausista cuando, entre otras cosas, expresa que el radicalismo “es una concepción de vida y  la revolución radical hace de la política una creación ética.”[46]

La llegada de este grupo significó, entre otras cosas, un quiebre del rumbo ideológico del partido ya que muchos de ellos eran lectores importantes, autores socialdemócratas como Lasky, y propugnaban un socialismo a la europea”[47] y así lo mostraron en la Declaración de Avellaneda, la Profesión de fe doctrinaria y las Bases de Acción Política. Estos documentos pasaron a ser el eje por el cual se definieron los lineamientos ideológicos del partido radical hasta hoy.

En esa etapa las características del peronismo eran el estatismo, el bilateralismo, la nacionalización del comercio exterior con el IAPI, la no incorporación al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, y la aplicación de la "Tercera Posición" en el ámbito diplomático. El sector de FORJA que emigró hacia el peronismo, le dio muchos de esos contenidos ideológicos.

El liderazgo del Gral. Perón sirvió como contención hacia una alternativa imaginaria de los trabajadores, además de imprimirle a la sociedad un fuerte contenido corporativo (CGT  única, por ejemplo). El contenido autoritario, que lentamente ante la ineficacia demostrada por los planes quinquenales elaborados desde 1946, se fue intensificando con la crisis en 1952 con un importante aumento de la represión. Una muestra de ello fue el proceso de desafuero y posterior encarcelamiento de Ricardo Balbín.

En 1950 aparecen condicionamientos al modelo por la crisis económica en el agro, debido a que el modelo reformista reveló sus limitaciones, dando lugar a una segunda actitud que produjo una liberalización y abrió el camino hacia la segunda etapa. Esta última genera cambios en la política económica como por ejemplo la liberalización del IAPI, y también estratégicos.

El aumento de la represión no se limitó a los sectores políticos, llegando a las corporaciones como la Iglesia.

El aumento de la crisis económica y de la represión oficial sentaron las bases de la “Revolución Libertadora”. Este golpe de Estado en 1955 proscribió al peronismo, creando una endeble base política para los gobiernos civiles surgidos entre esa fecha y 1973; el radicalismo, sufrió una fractura muy importante en 1957, tras una puja entre Frondizi y Balbín; el primero fundo,  junto con Rogelio Frigerio, la Unión Cívica Radical Intransigente y tras el alejamiento de los principios doctrinarios del radicalismo fundó el Movimiento de Integración y Desarrollo aunque la UCRI, subsistió hasta 1972, en que se convirtió en Partido Intransigente (PI), conducida por Oscar Alende; el segundo agrupó a la Unión Cívica Radical del Pueblo, fue la heredera legítima de las tradiciones radicales, hasta hoy.

Rouquié caracteriza muy bien la causa de la inestabilidad política de este período cuando señala:

... después de la restauración conservadora de 1930, 1955 señalaba el retorno de los partidos democráticos y víctimas del peronismo; 1962 la revancha de los radicales derrotados en 1968 por Frondizi y, en justa compensación, 1966 mostraba a los frondicistas complotando para derrocar al gobierno de la UCRP.[48]


IV

 

La división del radicalismo nace, como dice Rouquié, “del combate en torno a la persona de Arturo Frondizi” y el radicalismo intransigente “se presenta claramente como el instrumento de este último en la lucha por el poder”.[49] Mientras tanto la UCRP quedó conformada por la Intransigencia de la Provincia de Buenos Aires, el unionismo y la Intransigencia Nacional de Córdoba.

Con la exclusión del peronismo del juego político:

... los dos partidos radicales abarcaban toda la gama de las fuerzas electorales representativas de fines de la década del cincuenta y comienzos del sesenta.[50]

Esto ha llevado a muchos a sostener que el radicalismo con su división:

...perdió la oportunidad histórica de convertirse en el gran partido argentino, en el momento en que estaban dadas las condiciones para que –una vez llegado al poder- obrara como conciliador de la antinomia peronismo-antiperonismo.[51]

Esta división permitió a los militares convertirse en árbitros de la situación. Los golpes de estado como la Revolución Libertadora, y el en contra de Frondizi, tienen como característica general el objeto de reordenar una democracia débil, sin que exista una base popular donde las Fuerzas Armadas juegan como mediadores de la situación hasta que cambió en los golpes del 66 y el 76 pasando de ese rol a pretender reemplazar al sistema político.[52] Sumada a esta situación el hecho de que:

...Ninguno de los partidos radicales se atrevió a desafiar frontalmente las proscripciones impuestas por las fuerzas armadas, con lo cual hubiesen contribuído a fundar un sistema verdaderamente democrático.[53]

El primer test, la convocatoria a la Constituyente de 1957, fue un proceso electoral importante inmediatamente después de la llegada de la Revolución Libertadora. Por decreto se había anulado la Constitución del 49 y había que reimponer la antigua Constitución. Para esto fue necesario llamar a una Convención Reformadora. Desde el punto de vista electoral lo que más interesa en este momento es la gran cantidad de votos en blanco que existieron, ya que Perón propugnaba este voto entre sus partidarios (2.100.000 votos). El radicalismo iba fracturado: Frondizi por un lado con la UCRI (1.800.000 votos) y la UCRP por otro - estos últimos van a ser quienes triunfan (2.200.000 votos) -. La convención Reformadora sólamente alcanza a incorporar un artículo nuevo a la Constitución del 53, el 14 bis; el resto quedó igual debido al retiro de los convencionales, del frondizismo y luego los convencionales que formaban parte de la derecha - los partidos conservadores - que quitaron quórum, motivo por el cual no se pudo seguir sesionando.

A partir de esto, Frondizi tuvo mucho más presente la idea de integrar al peronismo. Era necesario acordar con él como una manera de sacar ventaja al otro radicalismo, que en ese momento aparecía como partido oficial.

El programa de la UCRI estaba contenido en el Mensaje a veinte millones de argentinos que como señala Rouquié, este “programa [era] tan electoral en sí mucho menos importante que en comparación con la carta de Avellaneda[54]. En cambio la plataforma de la UCRP sigue con mayor precisión los lineamientos históricos del partido.

Creemos que el pragmatismo de Frondizi lo llevó a no ser muy profundo en sus propuestas, como una manera de congraciarse con los grupos de poder, ya que su imagen parecía más progresista que el candidato del radicalismo del pueblo Ricardo Balbín. Y aquí encontramos el comienzo de la adaptación del programa intransigente a lo que fue la Declaración de Chascomús de 1960 que es el definitivo abandono de las propuestas socializante de fines de los cuarenta, por parte del desarrollismo.

Para las elecciones de 1958 Frondizi realizó una alianza con Perón –que estaba proscrito - y esto le permitió ganar las elecciones, sumando unos 4 millones de votos contra 2.5 millones del candidato de la UCRP, Ricardo Balbín.

El frondizismo amalgamó una ideología compuesta por dos elementos: la integración y el desarrollo, sustentados por un nacionalismo capitalista, inspirado en la teoría keynesiana y el modelo de desarrollo norteamericano. Existen cuatro puntos de esta ideología del desarrollo. La primera de esas características es su carácter anti-ideológico fundamentado en el realismo, la eficacia y la racionalidad, que son tres conceptos claves a la hora de entenderla. La formación de un nacionalismo movilizador contra las fuerzas antinacionales (vinculadas al viejo modelo de inserción) desaparecerían ante la unidad nacional promovida por el desarrollo. El tercer elemento fue un optimismo planetario, fomentado por la coexistencia pacífica entre los bloques y la presencia de líderes mundiales de la talla del Papa Juan XXIII y Kennedy. El último elemento es un americanismo sin fronteras basado en la fascinación por el modelo norteamericano, la necesidad de abandonar a Europa y la búsqueda de una sociedad política con el Brasil.[55]

La gestión de Frondizi fue una etapa de fuerte expansión económica sumada con crisis cíclicas. En la superación de ellas la ayuda del FMI y la aparición de Alsogaray en el Ministerio de Economía produjeron cambios en la orientación desarrollista con el lanzamiento de un plan de estabilización. Esto generó el incremento de las huelgas y fricciones con el peronismo. Como respuesta a ello se lanza el plan CONINTES donde los militares intervinieron en los conflictos sindicales. A pesar de los importantes cambios económicos, esto no alteró los principios de política exterior; en todo caso las variaciones obedecen a presiones militares.

El año 1959 fue de inflexión. A la delicada situación interna se le sumó un suceso regional de implicancia mundial: la revolución cubana. Con la consolidación de ella aumentó la tendencia pretoriana de las Fuerzas Armadas (que existieron hasta la culminación de esta gestión unos 32 planteos militares).

El debilitamiento del acuerdo con Perón, los constantes planteos militares, el triunfo del candidato peronista Framini y la respuesta ante el caso cubano, produjeron que Frondizi cayera en 1962, siendo reemplazado por el presidente provisional del Senado, José María Guido.

Durante esta gestión se produjo un enfrentamiento entre los miembros del Ejército conocido como "azules y colorados". Los primeros eran profesionalistas y estaban encabezados por Onganía que era el Comandante en Jefe del Ejército, y los segundos impulsaban políticas fuertemente antiperonistas. El triunfo de los primeros no garantizó el levantamiento de la proscripción del peronismo para las futuras elecciones de 1963.

Illia llega al poder con un escaso apoyo electoral en las urnas (25,15%) pero siendo ampliamente votado en el Colegio Electoral obtuvo 270 electores contra 194 de los otros candidatos. Con un agravante, la gran cantidad de votos en blanco que habían descendido notoriamente con respecto a otras elecciones a pesar de la proscripción del peronismo.

Como señala Acuña, el gobierno de Illiaconstituyó un importante intento de buscar la cohesión de los objetivos éticos político de la planificación y la eficiencia.”[56] Illia definía así a la democracia:

La democracia argentina necesita perfeccionamiento... Ese perfeccionamiento de nuestra democracia como forma de vida, no podrá lograrse a no ser que estemos resueltos a aceptar modificaciones sustanciales en las actuales estructuras económico-sociales de nuestro país.[57]

Illia creía que el Estado democrático excede los límites tradicionalmente asignados al Estado de derecho poniendo a prueba los derechos que no le son incorporados. Este tipo de Estado es el teatro de una contestación, en donde el objetivo no se reduce a la conservación de un pacto tácitamente establecido sino que se extiende constantemente hacia los reclamos de la sociedad; el Estado democrático pretende definirse como una historia siempre abierta.

Este concepto de invención en la democracia[58] tiene necesariamente una estrecha vinculación aunque no tengan un mismo origen con el termino reparación - palabra utilizada con frecuencia en el léxico radical y del cual Illia no es la excepción - Illia era consciente de esto cuando indicó que “el concepto social de la democracia no es nuevo, ni es sólo nuestro, se nutre en la filosofía social contemporánea.[59] Avanzando sobre éste señaló:

Nuestra democracia como forma de vida, no podrá lograrse a no ser que estemos resueltos a aceptar modificaciones sustanciales en las actuales estructuras económico-sociales de nuestro país, que devuelven al pueblo la fe en sus instituciones y gobernantes. [60]

Esta definición ubica la tensión entre la libertad y la propiedad que es señalada por Halperín Donghi, cuando la democratización impone una frágil solución política entre la conservación de las clases propietarias y las exigencias de la democratización.[61]

Es necesario puntualizar las ideas y las palabras de Don Arturo Illia:

...Creía optimistamente él en la armonía universal, en la racionalidad de las cosas, por sí solas, como un gran reloj, se iban a reglar y funcionar armoniosamente, en la medida que tomáramos conductas y asumiéramos compromisos de acción política, que nada tenían que ver sin embargo, con la propaganda política.[62]

En la anterior definición tenemos varios conceptos interesantes para desarrollar: por un lado la adhesión al krausismo, en segundo lugar, la positividad y finalmente la conducta asumida por la acción política.

Alvarez Guerrero reitera el planteo que “Don Arturo era  un auténtico y convencido krausista, quizás el último al estilo del siglo XIX[63]

La positividad manifestada por Alvarez Guerrero en Illia la hemos podido comprobar en muchísimas oportunidades, como por ejemplo cuando dice: “el pasado no puede dividir a los argentinos, del mismo momento que no puede regresar[64] o “la posibilidad y mantenimiento de un proceso continuo de crecimiento económico.[65] Estas ideas son típicas del pensamiento racionalista, y las encontramos presentes en todo el discurso de Illia.

La política económica estuvo marcada por los lineamientos de la CEPAL. Se puede caracterizar como un populismo reformista donde conviven elementos keynesianos - un estado activo en el control y la planificación económica -, política de distribución y la protección del capitalismo nacional. A pesar de haber logrado una recuperación del producto  bruto interno, cumplimiento de las obligaciones del país tanto internas como externas, saldos positivos en la balanza de pagos, creación del Consejo Nacional de Desarrollo, disminución de la desocupación, se dio desde los medios una imagen de inactividad como señala Rouquiéno sólo tenía objetivos tácticos, sino que contribuía a dar origen a una nueva legitimidad.[66]

Una medida que generó rispideces con Estados Unidos es la anulación de los contratos petroleros firmados por Frondizi. Esta medida generó “la necesidad de buscar cómo substituir momentáneamente el aporte de empresas que ahora sabotean el abastecimiento.[67] Si bien con ellos el país se había acercado al autoabastecimiento, no existía una explotación racional del recurso, cosa que sí garantizaba la empresa estatal.

Desde el punto de vista militar, Onganía pronunció en 1964 un discurso en la Academia Militar de West Point que fue tomado como la adhesión del Ejército a la doctrina de la seguridad nacional. Sumada a esta situación el enfrentamiento con las Fuerzas Armadas se intensificó a raíz del relevo de Onganía por Pistarini que ocasionó un deterioro en las relaciones del Gobierno con ellas.

La caracterización del Halperín Donghiel partido del gobierno era así tan ajeno a las organizaciones trabajadoras como a las empresarias[68]; nos explica por un lado el enfrentamiento con la CGT – que operaba como brazo político del peronismo proscrito, a pesar de existir fuerzas en ese entonces dominadas neoperonistas - y por otro con las entidades empresarias, que se enfrentaron con el gobierno ante medidas como el salario mínimo vital y móvil o la ley de medicamentos[69].

Todos los factores conspiran contra el gobierno de Illia: petróleo, militares, entidades empresariales y obreras, y medios de difusión que trabajaron para el golpe que se concretó finalmente el 28 de junio de 1966. A la necesidad de recreación constante de la democracia se le vuelve a anteponer el proyecto corporativo pseudomodernizador que caracterizó a la dictadura que se instaló en el país.

Illia mismo diagnosticó los motivos del golpe como resultado de su política económica:

Periodista: ¿Atribuye usted a factores políticos su derrocamiento?

Illia: No, sino a nuestra política económica. A la anulación de los contratos petroleros, a la Ley de Medicamentos, nuestra política de comercio exterior, a la no aceptación de condiciones leoninas de ciertos organismos internacionales...[70]


V

 

El golpe de Estado de 1966, “trató de crear una autocracia modernizadora que cambiase la sociedad desde arriba, con o sin respaldo popular.[71]

Luego de los primeros intentos nacionalistas, este gobierno designó como Ministro de Economía a Albert Krieger Vasena, quien puso en ejecución un plan de ajuste que hacia 1969 produjo un estallido social importante en diversos puntos del país (Córdoba, Rosario, etc.), que ocasionó el relevamiento del ministro primero y del dictador después. Asumió la presidencia el general Levingston, quien tuvo poca duración en el cargo. Lanusse, a su vez lo reemplazó y llamó a elecciones.

El golpe del 66 les da la fuerza a muchos radicales para cambiar su pasiva actitud y entender que no bastaba con un buen gobierno, ya que el de Illia lo había sido, y había caído en la más grande de las indiferencias populares. Esta actitud se notó en los jóvenes radicales que en 1968 fundaron la Junta Coordinadora de la Juventud Radical y denunciaron la indiferencia partidaria exigiendo la reformulación del partido como herramienta de la unidad popular:

Acá hay que arrancar desde el treinta, hay que recordar quiénes eran los radicales que criticaban a Yrigoyen y terminaron haciéndole el caldo gordo a Uriburu. Y hacia fuera hay que dejarse de joder con el antiperonismo, acá hay que unir a las fuerzas populares.[72]

Estas ideas: la unidad popular, la adopción del movimentismo, el abandono del antiperonismo tiene en este sector joven, y sobre todo a Sergio Karakachoff como uno de sus principales impulsores. Para ello era necesario un cambio metodológico fundado en “sacar el partido fuera de los comités. Esa es la manera de lograr la unidad: en la acción.”[73] Pero esto no fue una cuestión discursiva sino también práctica como lo demuestran las relaciones con organizaciones de lucha contra la dictadura como la CGT de los Argentinos.

Muchos se alejaron de su referencia política que hasta ese momento tenían, como era el balbinismo, para tratar de recuperar la raigambre yrigoyenista del partido, su característica movimentista, y por eso no dudaron a principio de los 70 en conformar el Movimiento de Renovación y Cambio junto a Raúl Alfonsín – otro de los dirigentes partidarios que lucharon contra la dictadura de Onganía -.

Cuando en septiembre de 1970 Alfonsín estaba preparando el lanzamiento del Movimiento de Renovación y Cambio, su corriente interna para pelear la conducción nacional del radicalismo, estos jóvenes desde su periódico En Lucha dijeron:

... el radicalismo es la causa frente al régimen. Es decir, expresión emanada de las mayorías populares y a su servicio, en tanto que definitivamente enfrentada con los sectores del privilegio... De lo que se trata es de reivindicar el concepto, de la más pura estirpe yrigoyenista, de que el destino del radicalismo esta indisolublemente unido a las mayorías populares. Si ambos se han separado es porque el radicalismo no ha sabido interpretar ni conducir a las mayorías; es decir no ha estado a la altura de su cometido histórico...[74]

La recuperación de ese carácter tiene como culminación de esta etapa el documento llamado Manifiesto del Movimiento Renovador Nacional de septiembre de 1972 y la plataforma partidaria para la elección de 1973.

El Manifiesto... es el documento fundacional del Movimiento de Renovación y Cambio. Esta enfrentó a Balbín que desde la división del partido se había consolidado en la conducción. En su seno convergieron desprendimientos  del propio balbinismo, del unionismo y del sabattinismo, aunque también tenía una presencia juvenil importante. Es una corriente fuertemente renovadora desde el punto de vista ideológico ya que en sus principales participantes se perciben las “influencias del socialismo humanismo (notable en el pensamiento Alfonsín y de otros redactores del manifiesto), especialmente a través de Erich Fromm y Karl Manheim[75]

La Convención decidió incluir en su plataforma la nacionalización de la banca y el comercio exterior, un nuevo marco regulatorio para las inversiones extranjeras y límites a la injerencia de organismos de crédito internacionales.

Un dato importante es que ante el intento de perpetuar el régimen pretoriano por parte de los militares la clase política reacciona abandonando los antagonismos de ayer, elaborando estrategias comunes, como la “Hora de los Pueblos” o el “Encuentro Nacional de los Argentinos”. El nuevo clima de Unidad Nacional se basaba en alejarse de las estériles disputas del pasado y la necesidad de afianzar un presente y un futuro común. Una muestra de ello fueron estas propuestas comunes o los encuentros entre Perón y Balbín.

Las elecciones de 1973 dieron el triunfo al FREJULI (48%) sobre la UCR (21%). El triunfo de este frente permitió el retorno definitivo de Perón, quien desde 1955 estuvo exiliado, y la realización de una nueva elección le dio el triunfo por el 54% a 24%. El retorno de Perón dio un breve período de estabilidad política hasta su muerte en julio de 1974. El radicalismo:

... pasó de un extremo –deslealtad en la oposición - a otro –ejercicio de una oposición permanentemente subordinada -. Después de la muerte de Perón, Balbín realizó una serie de intentos infructuosos de ejercer una tutela paternalista sobre Isabel.[76]

Un buen reflejo de ello fue el discurso de Ricardo Balbín en el funeral de Juan Domingo Perón cuando señaló:

... vengo a despedir los restos del señor Presidente de la República de los Argentinos, que también con su presencia puso el sello a esta ambición nacional del encuentro definitivo, en una conciencia nueva, que nos pusiera a todos en la tarea desinteresada de servir a la causa común de los argentinos.[77]

Desde entonces y hasta su caída, el gobierno de Isabel Martínez de Perón soportó por un lado, la crisis económica y social que se agravó, y por otro, la lucha de facciones armadas, cosas que alentaron a los militares a volver al poder. De nada sirvieron las palabras de Balbín en la cadena nacional para impedir la concreción del golpe de estado.

El gobierno militar de 1976 implementó una política económica de reestructuración, que se había iniciado tras el Rodrigazo de 1974, basado ahora en atacar “la gran concentración económica del Estado e impulsar su desmantelamiento[78]. Para ello, con la escusa de la subversión impulsaron una represión “arbitraria, sin coordinación e indiscriminada[79]. Es una respuesta casi histérica ante un “Estado que ya no tiene posibilidad ni se siente  capaz de gestionar, dominar y controlar toda una serie de problemas o conflictos[80] (producto de un nuevo orden económico que obedece a los cambios de la crisis petrolera.)

La Junta Militar presidida por Jorge Rafael Videla (de marzo del 76 hasta marzo del 81) encabezó el primer tramo del denominado "Proceso de Reorganización Nacional" que implementó una dura política monetarista que alteró de una manera importante la estructura social y productiva de la Argentina. Sumada a ésta y para poder realizarla se aplicó una feroz represión a la oposición política llegando a abiertas violaciones de los derechos humanos.

La extensión de la represión tenía, sin lugar a dudas, como objeto sustentar su política económica que consistía en bajar los aranceles aduaneros, facilitar los negocios financieros y fijar un dólar barato. Esto tuvo como consecuencia el cierre de muchísimas fábricas que no pudieron competir con la industria extranjera, y el crecimiento de la deuda externa pasó de 7.500 millones de dólares a principios de 1976 hasta 44.000 a fines de 1983. En varias oportunidades el Presidente de la U.C.R: Ricardo Balbín declaró la inviabilidad de la propuesta económica y política de la dictadura militar.

El propósito declarado por la Junta era terminar con la subversión pero la extensión no sólo a los grupos guerrilleros sino también a todo intento de resistencia popular al régimen nos muestra a las claras sus verdaderos objetivos.

El Terrorismo de Estado consistió en un plan sistemático de secuestro, tortura y asesinato que involucraba a las fuerzas armadas y de seguridad además de la incorporación de los grupos parapoliciales que operaban desde la última etapa del peronismo. El número de personas secuestradas oscila entre 10.000 a 30.000 personas, sobre todo en los dos primeros años.

A pesar de la proscripción política desde el radicalismo, muchos de sus miembros participaron de distintas organizaciones de derechos humanos, como Raúl Alfonsín, y  por otro lado dio pasos importantes en sus vinculaciones internacionales.

En uno de sus escasos viajes al exterior, el presidente del partido radical,  Ricardo Balbín en mayo de 1976, concurrió a una reunión de la IS en Venezuela. Allí reconocerá las afinidades con el pensamiento socialdemócrata. En esa reunión dijo:

...tuve el placer de Willy Brandt; lo escuché con profunda atención... para la democracia social, cuyo victorioso destino espero, el discurso de Willy Brandt pareciera el de un predicador americano, buscador de la libertad y la paz... Casi podría decir que estaba repitiendo nuestras viejas y permanentes convicciones políticas.[81]

Este reconocimiento de  las afinidades ideológicas es de una importancia singular. Pero además de formar  parte como observador de esta organización internacional muchos radicales establecieron líneas de cooperación con los miembros del IS:

... en ello jugó un papel decisivo la acción de los líderes radicales en el exilio del Dr. Adolfo Gass (en Caracas) e Hipólito Solari Yrigoyen (Francia), la acción de estos líderes fue, siempre a título personal, pero contaban con el apoyo de Raúl Alfonsín.[82]

Durante la presidencia del general Viola se empezaron a sentir los efectos del plan económico que obligó a una apertura política que permitió la formación de la Multipartidaria.[83]

A muchos militares esta situación le desagradó, por ese motivo produjeron un nuevo recambio, a fines de 1981, de Viola por el General Galtieri. A este militar las cosas desde lo económico no le fueron mejor, agudizando los conflictos sociales y con la pretensión de cerrar la apertura política. Ese fue el motivo por el cual se embarcó en la aventura bélica de Malvinas para mantener el régimen militar. Tras su fracaso los militares establecieron rápidamente una transición hacia las elecciones.


VI

 

Alfonsín triunfa en las elecciones nacionales del 30 de Octubre de 1983, venciendo al candidato justicialista Italo Lúder, por un 52% contra 40%. Esto permitió que el radicalismo volviese a ganar el gobierno, obteniendo la mayoría en la Cámara de Diputados pero estando en minoría en el Senado. Esta elección fue el producto del derrumbe del régimen militar en donde Alfonsín tuvo activa participación.

A partir del triunfo de Alfonsín en 1983, se planteó la posibilidad de preguntarse, ¿qué es el Alfonsinismo? ¿Cuál o cuales son sus orígenes, sus raíces ideológicas?

El alfonsinismo es un fenómeno que intenta ampliar los horizontes de la UCR tanto en el mensaje como hacia los sectores a los que dirige su discurso, “es el punto de vista de la captación del fenómeno mas allá de lo radical.”[84]

Es necesario embarcarse en los fundamentos del radicalismo enmarcado al alfonsinismo dentro de él. El krausismo juega un rol importante ya que es su cuerpo y a la vez potenciado de él, permitiéndole a éste salir de los límites del liberalismo dándole características propias pero impregnándole del eclecticismo que le permite dar cabida a diferentes pensamientos. En sus aspectos políticos-ideológicos el alfonsinismo es un liberalismo solidarista, con influencias socialdemócratas y social-cristianas[85]. ¿Pero cuándo se consolida como experiencia política concreta?

Sus comienzos, es decir desde donde podemos rastrear algunos aspectos que le dieron cohesión, lo encontramos claramente tras la Guerra de Malvinas, aunque ya que el discurso del 72 también observamos estos elementos. La constante está dada por la definición de la democracia como aventura colectiva.

Alfonsín en su libro La cuestión argentina plantea la necesidad que tiene la sociedad de poseer la Democracia y a través de ella el dominio del estado como un medio para autogobernarse, retomando al viejo concepto yrigoyeniano de “la Nación ha dejado de ser gobernada para gobernarse a sí misma.”[86] En esta etapa Alfonsín fija la necesidad de establecer un diagnóstico sobre aquellos sectores que impiden el desarrollo de la Democracia:

... la minoría excluyente fomento de la disolución de los principios morales que la nutren [a la democracia] y de los instrumentos prácticos que la sostienen. Impidiendo la participación política, el derecho de todos y cada uno de los ciudadanos, a decidir sobre el poder, deterioro de la responsabilidad individual frente a la sociedad y a su gobierno; la responsabilidad que esta en el origen de la democracia,  y en ella se basa, alentando el egoísmo y la idea de que lo único que vale la pena en la sociedad es un “sálvese el que pueda”. [87]

Obviamente encontramos un enfrentamiento concreto con todas las ideologías positivas, con las individualistas, resaltando la necesidad de revalorar la responsabilidad individual que se refleja en los partidos políticos como expresiones de esa sociedad y facilitando a los grupos mayoritarios el acceso a la gestión del Estado.

El individualismo, el egoísmo “ha sido caldo de cultivo, tanto del autoritarismo pseudo-liberal, como el de mensianismo populista”.[88] Generando las condiciones necesarias para que los sectores de privilegio, ataquen a la democracia “a fin de controlar el Estado”.[89]

Alfonsín en su discurso inaugural del 10 de diciembre de 1983 rescata a Krause a través de la influencia en la política exterior del radicalismo en la “búsqueda de la igualdad entre los Estados”, aunque no es en el único aspecto en que influye.[90]

El eclecticismo del radicalismo, incorporado por el Krausismo, ha generado una discusión sobre si en la actualidad el radicalismo tiene elementos socialdemócratas o socialcristianos.

Torcuato Di Tella hace hincapié en los aspectos socialcristianos del partido[91] y la conveniencia de incorporar al peronismo dentro de la IS, pero los sucesos de los últimos años desestiman esta hipótesis.[92] Además,  como lo sostiene Julio Godio, a pesar de las contradicciones entre la IS y el radicalismo, muchos de sus miembros reconocen que la UCR es el “partido más afín en Argentina” pero también señalan “que se trata de un partido liberal popular sin todavía vocación sindical.”[93]

En 1983, con la llegada de Alfonsín al gobierno del partido y del país, estas ideas irán tomando cuerpo, y el discurso de Parque Norte (1985) es un ejemplo de ello, en cuanto a la incorporación de la modernización como uno de los tres ejes del desarrollo, conjuntamente con la ética de la solidaridad y la democracia participativa al discurso radical. Se produce una adecuación al pensamiento y al accionar socialdemócrata  de la década pasada que se plasma en la declaración de Estocolmo de 1989.

En ese año, el ex Canciller Dante Caputo realizó la primera propuesta formal de integrar como miembro pleno de la IS, ya que en ese momento poseía la categoría de observador. Pero recién en el transcurso de 1995, bajo la presidencia partidaria de Alfonsín, se integró como miembro pleno a dicha organización[94]

Alfonsín es el último intento por generar una relación de un cuerpo político basado en la redefinición de la democracia con contenido social para evitar los desbordes autoritarios.

Encontrar una sola caracterización de estos casi seis años de gobierno nos resultó difícil, pero coincidimos con Abalo y González cuando plantean:

Desde diciembre de 1983, al hacerse cargo del gobierno, el partido radical debió afrontar dos elecciones legislativas (1985-1987), un plebiscito popular para respaldar la paz con Chile, trece huelgas generales, dos  graves rebeliones militares, otras tantas protestas de los productores agrarios, la desgastante negociación con la banca acreedora y, como correlato un drástico plan de ajuste económico. En el mismo período debió afrontar con otros sectores, como la conservadora iglesia católica argentina, sobre dos temas básicos: educación y divorcio.

...el gobierno llega maltrecho al final de su gestión pero con la trascendente virtud de haber garantizado la vigencia del Estado de derecho, las instituciones de la democracia representativa y el sistema de libertades inherentes a ella.[95]

Consideramos la existencia dentro de este gran marco referencial de diversiones al pedido del gobierno radical surgido en 1983. Tres son las fases, una primera desde el deshielo político de 1982 hasta fines de 1984; la segunda fase desde ahí a septiembre de 1987 de la creación del alfonsinismo con características propias, y finalmente, donde las ideas y realización emprendidas se vieron truncas por la nueva realidad política.

En la primera etapa, el discurso de Alfonsín esta signado por lo que podemos denominar “el fantasma de Illia[96]. El último presidente radical hasta ese entonces, cuyo gobierno ya describimos en el capítulo correspondiente, falleció a comienzos de 1983 convirtiéndose desde el deshielo político en la contrafigura del gobierno militar, en donde la sociedad lo veía como el ejemplo de la honestidad y la certeza frente al desatino y la corrupción. Elemento que fue utilizado en la campaña electoral del radicalismo, sumada a la ascendente figura del entonces candidato Alfonsín.

El discurso alfonsinista ensambló la tradición partidaria con un planteo generalizado de la sociedad, la necesidad del cambio de la Dictadura frustrada y frustrante por el de la Democracia, definiendo:

...el tema de su campaña como la oposición entre la democracia y el autoritarismo, y propuso a la U.C.R como el partido mas adecuado para construir el sistema  democrático en el país.[97]

En este período Alfonsín definió a la democracia como:

...la coexistencia de diversas clases y sectores sociales, de las diversas ideologías y de diferentes concepciones de la vida. Es pluralista, lo que presupone la aceptación de un sistema que deja cierto espacio a cada uno de los factores y hace así posible la renovación de los gobiernos, la renovación de los partidos y la transformación progresiva de la sociedad.[98]

En el párrafo precedente encontramos alguna familiaridad con el planteo Claude Lefort que caracteriza a la democracia como:

...el espíritu de la revolución democrática [está] en la reivindicación y no en la conservación de esta... La invención democrática de nuestros días, son todas las protestas, todas las revueltas, que se originan en el Estado devolviéndole el sentido. [99]

El fantasma cubrió el primer año de gobierno que en muchos aspectos recuerda a la gestión de Illia, pero el mundo había cambiado lo suficiente como para impedir que realizaciones políticas con esa orientación tuvieran éxito.

En esta primera etapa del gobierno las relaciones con las corporaciones fueron una imagen de quien estuvo en el poder entre 1963-1966. Se iniciaron causas penales a los militares que aplicaron el terrorismo de estado y la represión producto de la derogación de la Ley de Autoamnistía, enfrentamientos con las FFAA que duró durante todo el período presidencial. Con los sindicatos se intentó sancionar una ley de democratización sindical que llevaría a tener durante esta etapa un enfrentamiento álgido que terminó con el alejamiento del Ministro de Trabajo, José Mucci. El resto de las corporaciones empresariales rurales y eclesiales, tuvieron una actitud expectante, aunque con esta última se creó algún malestar.

Tras la consulta popular de la cuestión del Beagle, el alfonsinismo adquirió su característica básica – a nuestro entender, el mito refundacional[100], que se refleja constantemente a lo largo de sus alocuciones, basado en el cambio estructural del país conformado por el positivismo clásico decimonónico (la Nueva Capital, la modernización, una sociedad sin corporaciones autoritarias). Estos cambios fueron para enfrentar la crisis de la Argentina que es muy profunda y estructural.

¿Por qué es profunda y estructural? Por sus características. La Argentina es una idea moderna y fue ensamblada para un modelo agro-exportador, del cual nunca hemos podido salir, a pesar de los discursos industrialistas, e incluso de los esfuerzos en ese sentido.

Y es en esta crisis en la cual nos encontramos inmersos los argentinos, una gran crisis la de nuestro país como experiencia, y sin lugar a dudas fue este gobierno quien intentó superarla a través de la integración regional con otros países del área.

En esta etapa la democracia será definida como:

... moderna y fundada en la ética de la equidad y de la solidaridad ... Un proyecto democrático que afirme resueltamente los valores de la modernización, es por definición, un proyecto de cambio social, económico y cultural.[101]

La interacción de estos elementos modernización, democracia y ética de la solidaridad, dieron al discurso alfonsinista una variante weberiana, en donde el krausismo actúa como soporte para el desarrollo.[102]

El alfonsinismo, que como señalamos empezó siendo una expresión innovadora, se irá adecuando al poder. En esta segunda fase cuyo cenit es entre fines de 1986 y principios de 1987, cuando la temática sobre el radicalismo ocupaba la primera línea del debate político, económico y social, se refleja en la proliferación de bibliografía y su grado de aceptación por parte de la sociedad.[103]

Las relaciones con las corporaciones fueron cambiando, con los grupos empresarios industriales se tuvo una estrecha relación a partir del Plan Austral; con los sindicatos que fueron forzosamente criticados en la primera etapa de gobierno e incluso como bandera electoral, pasarán a integrar el gobierno (con Alderete como Ministro de Trabajo del grupo de los 15); con los militares la cuestión  se distendió momentáneamente a partir de la sanción de la Ley de Punto Final).

En el año 1987 empezó el declive de esta etapa. La Ley de Punto Final aceleró las causas a los militares generando el primer conflicto de gran magnitud con las FFAA en Semana Santa de ese año, provocando – a pesar de la gran presencia popular en defensa de la democracia - la sanción de una ley de Obediencia Debida reduciendo el número de oficiales juzgados ante la justicia. Esta situación no solucionó el problema, ya que los conflictos con los militares continuaron y generó una gran decepción popular.

Una consecuencia de ello es la derrota del 6 de septiembre de 1987. Esto causó la disolución del acuerdo con el grupo de los 15, con los industriales pasó lo mismo por el deterioro del Plan Austral hacia julio del año 1987.

En septiembre de 1987 estas ideas se fueron desvaneciendo ante el cambio de la realidad política y económica de la sociedad, y citando a Levi-StraussEl mito se desarrollará como una espiral, hasta que se agote el impulso intelectual que le ha dado origen.”[104]

La situación social, política y económica, que durante este año se irá agravando, marcará el inicio del “fin de las ilusiones” del mito refundacional.[105]

La falta de autocrítica, o de explicaciones más claras, por algunas acciones de Gobierno, agravó la falta de crédito de la sociedad ante el proyecto alfonsinista. Se intentó reflotar al Plan Austral, llamándolo Primavera, que no tuvo el apoyo popular de su antecesor en sus primeros tiempos y un renuente apoyo empresario. Hacia principios de 1989 el recorte de la ayuda externa, por las gestiones de Cavallo ante los organismos financieros internacionales, la volatilidad de los mercados, y los confusos mensajes desde la oposición generaron la estampida hiperinflacionaria, produciendo la más grande transferencia de recursos de amplios sectores de la población a los altamente concentrados de la historia Argentina.

En esta instancia el análisis de Osvaldo Soriano  nos parece adecuado:

Nunca nadie había enfrentado una coyuntura tan difícil, es cierto; pero jamás hombre alguno, después de Perón, había logrado tanto consenso popular ni tanto prestigio Internacional para impulsar el cambio... De la Economía de Guerra al felices pascuas, el presidente y sus amigos perdieron credibilidad de los sectores progresistas...[106]

El 14 de Mayo de 1989, el radicalismo perdió las elecciones en mano de una coalición peronista encabezada por Carlos Menem que nucleó un amplio espectro desde la ultraderecha a la izquierda. Tras su victoria se vinculó con aquellos sectores que produjeron el gran drenaje de recursos de principios de año estableciendo una alianza política con los sectores de la nueva derecha argentina, como la Ucedé y Cavallo.

Esta situación económica, como lo señala Oscar Terán, tiene consecuencias política y sociales que:

... podrían estar anunciando los síntomas que preceden a la disolución de un país. Eso ocurre cuando se fractura no solo el estar integrando una comunidad cuyas reglas básicas son inteligibles y consensuadas para todos.[107]

El 8 de Julio, Alfonsín termina su mandato producto de la entrega anticipada del poder por el tan renombrado “terrorismo económico”[108], entregando el Gobierno a quien ganara las elecciones. Es la primera vez en la historia Argentina que existe un traspaso de éstas características (de un partido político a otro de distinto signo).


VII

 

Desde su salida del gobierno, el radicalismo tuvo un perfil opositor, similar al que hubiese deseado tener durante su gobierno. A pesar de ello no dejó nunca de señalar aquellos aspectos que perjudicaban al país como la orientación de la política económica y la corrupción, aunque existía una falta de credibilidad de lo que se denunciaba.

Mientras esto ocurría, el gobierno de Menem sufrió  dos crisis hiperinflacionarias que fueron confirmando el rumbo neoconservador de su economía, coronada con la elección de Domingo Cavallo al frente del Ministerio de Economía.

Esta política tuvo claros perfiles: primero una apertura indiscriminada de la economía que afectó a muchos sectores productivos; una política privatizadora que hizo hincapié más en garantizar a los nuevos propietarios las ganancias que la mejora de los servicios; el alineamiento con Estados Unidos, etc. Muchos de esta políticas generaron el crecimiento de la corrupción, amparada por los cambios introducidos en el sistema judicial.

Estos aspectos tienen como evidencia la destrucción de las pequeñas y medianas empresas y el crecimiento de la desocupación. Estas emergencias son el resultado de una profunda polarización social, sumado al impacto disciplinador de la hiperinflación, aspecto aún no analizado seriamente.

Mientras esto ocurrió, desde el gobierno se enviaron mensajes a la población donde el éxito se vinculaba al crecimiento económico fácil y que todos podían ser de los privilegiados, y mientras esta magia duró, el gobierno siguió consolidando su posición y el radicalismo retrocedía electoralmente. Pero lo que en realidad ocurrió fue un fuerte proceso de concentración económica y de destrucción de los esquemas de ascenso social existentes. Para consolidar esto apareció la elección de los mercados que se movieron al ritmo de sus necesidades y las del gobierno.

Desde el principio de su gestión, Menem intentó imponer una reforma constitucional a cualquier precio y poner en riesgo la estabilidad política. Para evitar esto el radicalismo acordó con el presidente una reforma donde a cambio de la reelección del presidente se consiguió plasmar muchos de los postulados modernos y progresistas que hoy nuestra Carta Magna posee, llamado el Pacto de Olivos.[109]

Esto no fue comprendido por el electorado, e incluso por muchos correligionarios, que vieron sólo el acuerdo y no sus resultados, e hizo que el Frente Grande – una fuerza que amalgamó a fuerzas como los socialistas, los demócratas cristianos, los intransigentes y sectores escindidos del peronismo - ganaran el segundo lugar en los principales distritos del país en la elección constituyente de 1994.

En estas condiciones el radicalismo, inició su proceso de elección interna en donde se impuso Horacio Massaccesi como candidato a presidente. Este era gobernador de una de las provincias que el radicalismo poseía desde 1983. Desde el gobierno se alentó la movilización social en esa provincia sumado al recorte de recursos que puso a la provincia de Río Negro en todos los medios nacionales como un caos que recordaban los tiempos de la hiperinflación.

Mientras tanto al Frente Grande se le incorporó José Octavio Bordón, una escisión del peronismo. Formarán el Frente País Solidario (FREPASO), llevándolo de candidato. La imagen de Río Negro y la acción de los medios convergieron para que esta agrupación fuera la segunda fuerza, desplazando al radicalismo al tercer lugar.

Tras la elección, y después de estar al borde de la ruptura desde el Pacto de Olivos, en el radicalismo los distintos grupos consensuaron y alejaron el peligro de la división y en estas condiciones Alfonsín se impuso como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Esto lo convirtió en un interlocutor frente al FREPASO con quien acordará, a partir de la similitud de sus propuestas, listas en los principales distritos.

La posibilidad de unir a la oposición y los efectos de las políticas económicas del menemismo permitieron a la Alianza, así se llama la coalición, imponerse en la elección de Octubre de 1997 a los candidatos menemistas en casi todo el país.

Desde septiembre de 1997 los partidos que constituyeron la coalición formaron el Instituto Programático de la Alianza (IPA). Este estuvo encargado de diseñar las propuestas políticas para la futura gestión de gobierno. Lo formaban miembros de la UCR y el FREPASO. El IPA realizó primero un compromiso electoral denominado Carta a los Argentinos y luego una plataforma electoral del frente político para las elecciones de octubre de 1999.

La propuesta tenía como principales lineamientos: 1) organizar la Nación como una república democrática moderna, 2) poner en marcha una sociedad en la que el crecimiento del conjunto esté unido al progreso de cada uno; 3) hacer que la economía sea un instrumento para mejorar la vida de la gente en lugar de contribuir a la riqueza de pocos; 4) demostrar que se puede gobernar con funcionarios honestos; 5) recuperar el acceso y la estabilidad del trabajo; 6) garantizar el imperio de la ley con la fuerza que nos da la sociedad hastiada de delito sin castigo; y, 7) gobernar poniendo en plena vigencia la independencia de los poderes y las instituciones de la Constitución Nacional.[110]


VIII

 

El triunfo de Fernando De la Rúa sobre el candidato Justicialista Eduardo Duhalde marcó un nuevo hito en la continuidad institucional de la Argentina. La Alianza fue moderando su discurso hacia las política neoconservadoras. Si a esto le sumamos la duplicación del déficit, la situación se revelaba como sumamente complicada. Ya en su discurso inaugural se denota el rumbo que la gestión delarruísta iba a seguir, cuando señaló:

... Reducir el déficit, actuar con transparencia y con sentido de responsabilidad, es abrir paso al crecimiento y la inversión, multiplicar el trabajo de la gente que es urgente frente al drama del desempleo;  mejorar la calidad de la educación y de la atención de la salud y afrontar los problemas de la pobreza que nos interpelan cotidianamente.[111]

La idea de que el déficit es un obstáculo para el crecimiento se contrapone mucho con las propuestas. La adopción de medidas de ajuste fiscal, basada en la reducción de salarios y el aumento de impuestos, profundizó la recesión.

El otro instrumento fue la modificación del régimen laboral. Las maniobras realizadas para su aprobación generaron una grieta en la coalición que motivo la renuncia del vicepresidente, Carlos Álvarez titular del FREPASO.

Entonces, a la debilidad económica que generó malestar en todos los sectores sociales, se le sumó una debilidad política ante la partida del jefe del FREPASO, y las sospechas generalizadas de corrupción que desacreditaron tanto al gobierno como a la oposición justicialista.

El presidente optó por profundizar la línea económica neoliberal con las designaciones como Ministros de Economía primero de Ricardo López Murphy y luego de Domingo Cavallo que generaron reacciones adversas tanto en ámbitos partidarios como en los votantes de la Alianza, aunque para los primeros nunca pasó de eso, declaraciones.

A partir de aquí, el objetivo del gobierno terminó reduciéndose al compromiso de pagar la deuda a costa de la mayoría de la población y renunciando a crecer, a distribuir equitativamente la riqueza, a perder la educación, la salud, la cultura, y sobre todo, a no perseguir a quienes evaden y a los beneficiarios de la “fiesta para pocos” del menemismo.

El gobierno de Fernando De la Rúa no retomó el rumbo que le dio el pueblo con su voto, como lo exigieron sus votantes, como así también las autoridades y militantes del radicalismo y la Alianza.

Los medios hablaron de la incapacidad de gobierno. En realidad habría que destacar su capacidad para defender los intereses de una fracción del sector financiero. Las acciones del gobierno no protegieron a los sectores sociales que lo llevaron al gobierno. Sin ellos fue imposible seguir en el poder, para transformar la realidad, como se había prometido.

El gobierno delarruísta estrechó los vínculos con los sectores financieros y no con los productivos, a éstos últimos siempre los convocó para los “esfuerzos patrióticos”. Esta mecánica que no es nueva, es lo que generó el rechazo de la gente, y que tiene como producto el resultado catastrófico de la elección de octubre de 2001 donde casi la mitad de los votantes habilitados voto en blanco o no votó y donde la coalición gobernante perdió casi cinco millones de votos.

No importó quien fuera el candidato, ni en qué nivel se quería desempeñar, todos sufrieron el castigo por no cumplir lo prometido en 1999, o incluso por no actuar para modificar la situación.

A partir del comicio la dinámica política argentina fue acelerándose a pasos vertiginosos. La crisis económica, producto de muchas decisiones actuales y pasadas, parece no tener fin. Pero fue una decisión tomada a fines de noviembre del 2001, el famoso “corralito”, la gota que derramó el vaso.

La dinámica de la crisis se consumió al gobierno de Fernando De la Rúa, y al brevísimo Adolfo Rodríguez Saa.

La elección de Duhalde por el parlamento, con apoyo del radicalismo, se encuentra frente a las mismas disyuntivas del anterior gobierno: promesas progresistas, acciones de gobierno dictadas por los organismos financieros internacionales. Si no se resuelven los problemas de fondo posiblemente la administración duhaldista también sea fagocitada. Es necesario terminar con el “modelo” que encierra entre otras cosas una astronómica transferencia de recursos desde la economía nacional hacia el exterior. Este aspecto, y muchos otros, son los que paralizan la actividad económica de la Argentina impidiendo el crecimiento y con él una justa distribución de la riqueza.

El gobierno delarruísta que perdió su legitimidad al violar sistemáticamente el acuerdo que tenía con sus votantes – el cumplimiento de la famosa “Carta a los Argentinos” -, se asiló cada vez más de los que le habían dado su legitimidad y de su programa. De la Rúa no escatimó recursos a la hora de aplacar la protesta produciendo una descomunal represión que produjo decenas de muertes. No se nos escapa que en algún sentido puede haber estado dirigida pero los problemas estructurales se solucionan arreglando las cuestiones de fondo no sus efectos.

En un marco de descontrol descomunal, el radicalismo no reaccionó a tiempo en nombre de la defensa de un gobierno que desde la incorporación de Cavallo, por lo menos, estaba tan alejado de su historia y su doctrina como de la gente.

Es la situación histórica más difícil que le toca enfrentar al radicalismo, y su supervivencia dependerá de las acciones que tome de aquí en más para ganar nuevamente en credibilidad y confianza.

Nuestro partido solo será creíble para la sociedad si demuestra una capacidad de reacción, que hasta ahora no tuvo. Debe terminar con el sistema interno donde se socializan las pérdidas – que a esta altura son cuantiosas, y generalmente pesan sobre los hombros de los militantes – y privatización de las ganancias – donde algunos dirigentes, distribuyen discrecionalmente dádivas para lograr la adhesión de los afiliados-, y que para ser cautos en una evaluación debemos decir que han mostrado una impericia pasmosa en estas dolorosas circunstancias.

Es momento de recambio, como en otros momentos de nuestra historia partidaria, pero no nos referimos sólo a Fernando De La Rúa sino también quienes han administrado el proceso de selección y sostenimiento del gobierno delarruísta – no sólo los que gobernaron sino los que debieron tomar la decisión de “salvar nuestros principios” aunque “se pierdan mil gobiernos” como reza la famosa frase yrigoyenista.

Son tiempos difíciles y duros, pero no renunciamos a soñar un país distinto donde la democracia y la justicia social sean una realidad con la que vivamos cotidianamente. Pero queremos aclarar que soñar no es la inmovilidad, la siesta, es proyectar para poder realizar las cosas que queremos y en las cuales creemos.

Una buena forma en la cual el radicalismo pueda recomponer sus lazos con la sociedad será sobre un principio básico, que siempre nos había caracterizado, la de cumplir sus promesas. Este sería un primer paso de los muchos que habría hacer para la reconstrucción de la política.

Si no lo hacemos estaríamos asistiendo a la fin de un instrumento histórico fundamental en la vida del pueblo argentino, por los valores que representa y los intereses que debe representar. El radicalismo no puede tener un final así, no lo merece la Argentina, ni nosotros, ni los miles de hombres y mujeres que han contribuido con él en el pasado para la construcción de un futuro distinto.

Este es nuestro mensaje, volver a las fuentes para que el radicalismo sea el instrumento de la construcción de una Argentina democrática, moderna, soberana y solidaria.

 

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Una Producción de Matías Bailone.- 2004.-



* Alejandro Simonoff nació en La Plata en 1964, logró sus títulos de Grado (Profesor y Licenciado en Historia) como el de Pos Grado (Master en Relaciones Internacionales) en la Universidad Nacional de La Plata.

Allí se desempeña como Jefe de Trabajos Prácticos en Historia del Siglo XX y fue Profesor Adjunto de la materia de Historia Social Contemporánea de la Carrera de Sociología de la Facultad de Humanidades y Cs. Educación. Es Secretario de la Maestría de Relaciones Internacionales de la UNLP.

También ejerce su profesión en la Escuela de Enseñanza Media N° 33 “Dardo Rocha” (Ex Normal 2) y es Profesor Asociado de Política Exterior Argentina en la Universidad Católica de La Plata.

Ha publicado numerosos artículos y libros referidos a política exterior argentina, relaciones internacionales e historia contemporánea.

[1] Este trabajo escrito originalmente con el título “Una interpretación de la historia del radicalismo” en 1998 fue rehecho; y además, hemos incorporado un capítulo referido a los sucesos acaecidos entre esa fecha hasta Mayo de 2002. Los tiempos cambiaron, ya que pasamos de la esperanza en que un gobierno, encabezado por la U.C.R. en el marco de la Alianza, iba a reparar las tensiones económicas y sociales producidas por una década de menemismo a otra situación en donde nuestras ilusiones y luchas fueron literalmente desahuciadas por quienes tenían la responsabilidad de gobernar.

[2] HALPERIN DONGHI, Tulio. “Liberalismo argentino y liberalismo mexicano: dos destinos divergentes” [En: El espejo de la historia. Problemas argentinos y perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, Sudamericana, 1987], 163.

[3] HOBSBAWM, Eric J. La era del Imperio. Barcelona, Labor, 1987, 331.

[4] LEFORT, Claude. L´invention democratique, Les limites de la donination totalitaire. París,  Fayard, 1981, 49

[5] BOWELS, Samuel y GINTIS, Herbert. La democratie post-liberale. Essai critique sur le liberalisme et le marxisme. París, La Decouverte, 1988, 88.

[6] SOLER, Ricaurte. El positivismo argentino. Buenos Aires, Paidós, 1968, 33.

[7] SORMAN, Guy. “El liberalismo pertenece a quienes lo defienden y lo ilustran” [En: La Nación, Buenos Aires, 22 de junio de 1988], 9.

[8] El krausismo es una doctrina filosófica inspirada en Karl Krause (1781-1832), aspiraba a ser la auténtica continuación del pensamiento de Kant. Racionalismo armónico, basado en la humanidad como entidad suprema de la creación. Tuvo seguidores en los Países bajos (Tiberghein y Arhens) y también en España. Tiene una importancia capital en el desarrollo de las ideas políticas de Yrigoyen, quien lo incorpora en la década de 1880.

[9] ARENDT, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. 2. El Imperialismo. Madrid, Alianza, 1982, 194.

[10] TERAN, Oscar. En búsqueda de una ideología argentina. Buenos Aires, Catálogos, 1986, 16.

[11] Si bien es cierto que esta tendencia se había manifestado en las famosas presidencias históricas, es reconocido por varios autores como:

VILLEGAS, Abelardo. Reformismo y revolución en el pensamiento latinoamericano. México, S. XXI, 1986, 186.

[12] ROMERO, José Luis. Las ideas en la Argentina en el siglo XX. Buenos Aires, Nuevo País, 1987, 185.

[13] SOLER, Ricaurte. Idea y cuestión nacional latinoamericana. De la independencia a la emergencia del imperialismo. México, S.XXI, 1986, 146-7.

[14] TERAN, Oscar. En búsqueda..., 16.

[15] ALEM, Leandro. Federalismo y Centralización en el discurso... La Plata, Imp. Of., 1986, 71..

[16] MAYO, Carlos y  GARCIA MOLINA, Fernando. “Positivismo en la política argentina (1880-1906)” [En: Conflictos y Procesos, 19, Buenos Aires, Diciembre de 1988], 9.

[17] Denunciado por Alem hacia 1880 en la cuestión de la capitalización de Buenos Aires [ALEM, Leandro. “Debate sobre la capitalización de Buenos Aires” [En: ROULET, Elva. Federalismo y centralización en el discurso de Leandro Alem. La capitalización de Buenos Aires. La Plata, Imp. Of., 1988, 25-107] y tomado por quienes serán radicales, ya que este partido se funda en 1891 y los liberales que nunca tuvieron un partido orgánico.

[18] ROMERO, José Luis. Las ideas.., 188.

[19] Alvarez Guerrero sostiene que:

... Yrigoyen tuvo sus primeros contactos con el krausismo siendo estudiante de derecho. La obra de Arehns había sido traducida al español en 1856 y circulaba en toda América latina.

Pero Yrigoyen profundizó esas lecturas krausistas elaborando su pensamiento en torno a ella hacia 1880 durante un prolongado retiro de la vida pública.” [ALVAREZ GUERRERO, Osvaldo. El radicalismo y la ética social. Yrigoyen y el krausismo. Buenos Aires, Leviatán, 1985, 85.]

[20] Prueba de ello son las predicas a favor de los comicios libres, la descentralización ferrocarrilera y la promoción de cultivos no tradicionales fuera de la zona pampeana ver en:

CANTON, Darío,  MORENO, José Luis y CIRIA, Alberto. La democracia constitucional y su crisis. Buenos Aires, Paidós, 1980, 17.

[21] VILLEGAS, Abelardo. Reformismo y..., 117.

[22] CARMANIANI, Marcelo. Estado y Sociedad en América latina. Barcelona, Crítica-Grijalbo, 1982, Capítulos II y III.

[23] PANETTIERI, José. Argentina: historia de un país periférico (1860-1914). Buenos Aires, CEAL, 1986, 199 y ss.

[24] DEL MAZO, Gabriel. Yrigoyen: su pensamiento escrito. Buenos Aires, Pequén, 1984, 103.

[25] GALVEZ, Manuel. La vida de Yrigoyen. El nombre del misterio. Buenos Aires, TOR, 1945, 150.

[26] DEL MAZO, Gabriel. Yrigoyen... 110.

[27] ROMERO, José Luis. Las ideas... 91.

[28] CANTON, Darío,  MORENO, José Luis y CIRIA, Alberto. La democracia..., 17.

[29] DEL CAMPO, Hugo. Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de un vinculo perdurable. Buenos Aires, CLACSO, 1983, 21-26.

[30] VILLEGAS, Abelardo. Reformismo y ..., 191.

[31] VILLEGAS, Abelardo. Reformismo y ..., 193.

[32] Citado por Hebe Clementi. El radicalismo. Su trayectoria política. Buenos Aires, Siglo Veinte, 1983, 43.

[33] CANTON, Darío, MORENO, José Luis y CIRIA, Alberto. La democracia ..., 16.

[34] RODIGUEZ YRIGOYEN, Luis. Hipólito Yrigoyen. 1878-1933. Documentación histórica de 55 años de actuación por la democracia y las instituciones. Buenos Aires, s7ed., 1934, 340-1.

[35] DEL MAZO, Gabriel. El radicalismo..., 147.

[36] PUIGROS, Rodolfo. El Yrigoyenismo. Buenos Aires, Jorge Alvarez, 1965, 235.

[37] FORJA (Fuerza de orientación Radical de la Joven Argentina): grupo de jóvenes opositores a la política de Alvear desde el partido; con un fuerte contenido contestatario con respecto a la situación del país con Gran Bretaña, principales denunciantes del fraude y la corrupción que se vivía por esos años. Se reconocen dos épocas una desde su fundación en 1935 hasta 1940, en donde se mantuvieron dentro del radicalismo y luego de esta etapa hasta el 17 de Octubre de 1945 cuando se incorporan al peronismo.

[38] SABATTINISMO: Movimiento político acaudillado por Amadeo Sabattini, quien era gobernador de Córdoba y tras la muerte de Yrigoyen aspiraba a sucederlo.

[39] Basta leer a Moisés LEBENSOHN. Problemas del radicalismo y El radicalismo frente a una definición vital. Buenos Aires, Comisión de Homenaje, 1953.

[40] Luego tomaron el nombre de unionismo, por impulsar la Unión Democrática en 1946. Estuvieron al frente del partido desde la muerte de Marcelo de Alvear  hasta 1946, perdurando hasta ya entrado los años 60.

[41] CIRIA, Alberto. Partidos y Poder en la Argentina Moderna (1930-1946). Buenos Aires, Hyspamérica, 1985, 174.

[42] ACUÑA, Marcelo. De Frondizi a Alfonsín. Buenos Aires, CEAL, 254.

[43] ROUQUIE , Alain. Poder militar y sociedad política en la Argentina. Buenos Aires, Emecé, 1982, II, 341.

[44] No intentamos rastrear su génesis solamente indicamos algunas causas muy generales por cierto.

[45] MOVIMIENTO DE INTRANSIGENCIA Y RENOVACION (MIR): movimiento, fundado hacia 1946, que derrotó al Unionismo de la conducción partidaria, su importancia radica por el precedente ideológico que aportó a la UCR, entre documentos básicos. La Profesión de Fe Doctrinaria, Las bases Doctrinaria, Las Bases de Acción Política y la Declaración de Avellaneda.

[46] ROUQUIE, Alain. Radicales y desarrollista. Buenos Aires, Schapire, 1975, 75.

[47] ACUÑA, Marcelo Luis. De Frondizi a Alfonsín. La tradición política del radicalismo. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984, 54.

[48] ROUQUIE, Alain. Poder militar y..., II, 341.

[49] ROUQUIE, Alain. Radicales y desarrollistas. Buenos Aires, Schapire, 1975, 51.

[50] CAVAROZZI, Marcelo. “Peronismo y Radicalismo: transiciones y perspectivas” (En: Conflictos y Procesos de la Historia Contemporánea, N° 6, Buenos Aires, CEAL, Septiembre de 1988), 18

[51] GALLO, Ricardo. Balbín, Frondizi la división del radicalismo (1956-1958). Buenos Aires, Belgrano 1983, 182.

[52] CAVAROZZI, Marcelo. Autoritarismo y democracia en la Argentina. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983.

[53] CAVAROZZI, M. “Peronismo y..., 18.

[54] ROUQUIE, A. Radicales y..., 88

[55] ROUQUIE, A. Radicales y..., 88.

[56] ACUÑA, Marcelo. De Frondizi a....

[57] Diario de sesiones del Senado de la Nación. Buenos Aires, Imp Of. 12 DE Octubre de 1963, 66-7.

[58] Hemos tomado este concepto de Claude Lefort (L’invention democratique. París, Fayard, 1981).

[59] Diario de sesiones del Senado de la Nación. Buenos Aires, Imp Of. 12 DE Octubre de 1963, 67.

[60] Diario de sesiones del Senado de la Nación. Buenos Aires, Imp Of. 12 DE Octubre de 1963, 66.

[61] HALPERIN DONGHI, Tulio. “Liberalismo argentino..., 163.

[62] ALVAREZ GUERRERO, Osvaldo. El radicalismo..., 179

[63] ALVAREZ GUERRERO, Osvaldo. El radicalismo..., 10

[64] Diario de sesiones del Senado de la Nación. Buenos Aires, Imp Of. 12 DE Octubre de 1965, 29.

[65] Diario de sesiones del Senado de la Nación. Buenos Aires, Imp Of. 12 DE Octubre de 1963, 68.

[66] ROUQUIE, Alain. Poder militar y ... II, 245.

[67] PLA,  Alberto J. “ Nuevos Fracasos Radicales: división y presidencias (1955-1966) ”. En: ROMERO, Luis Alberto y otros. El Radicalismo. Buenos Aires, CEPE, 1974.

[68] HALPERIN DONGHI, Tulio. La democracia de masas. Buenos Aires, Paidós, 1983, 141.

[69] SANCHEZ, Pedro. La presidencia de Illia. Buenos Aires,  CEAL, 1983, 41.

[70] Del semanario Esquiu publicado el 5 de Marzo de 1967, citado en Monteverde, Mario (Direc.) Historia del radicalismo. Buenos Aires, Oriente, 1984, 736.

[71] ROCK, David. Argentina 1516-1987. De la colonización hasta Alfonsín. Buenos Aires, Alianza, 1989, 429.

[72] ANGUITA, Eduardo y CAPARROS, Martín. La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina. Tomo 1: 1966-1973. Buenos Aires, Norma, 1997, 116.

[73] ANGUITA, Eduardo y CAPARROS, Martín. La Voluntad.., 127.

[74] ANGUITA, Eduardo y CAPARROS, Martín. La Voluntad..., 515.

[75] ALVAREZ GUERRERO, Osvaldo. Las razones de la Libertad. Las plataformas de la UCR. Buenos Aires, Lugar, 1990, 84

[76] CAVAROZZI, Marcelo. “Peronismo y Radicalismo: transiciones y perspectivas”  [En:  Conflictos y Procesos de la historia Argentina ContemporáneaNro. 6, Buenos Aires, CEAL, Septiembre de 1988], 23.

[77] DE PRIVITELLIO, Luciano y ROMERO, Luis Alberto. Grandes discurso de la Historia Argentina. Buenos Aires, Aguilar, 2000, 377.

[78] Rock, David. Argentina...,453.

[79] Rock, David. Argentina..., 454.

[80] FOUCALT, Michel: Saber y Verdad. Madrid, La Piqueta, 1985, 294.

[81] BALBIN, Ricardo. “Ante la reunión de los lideres políticos de Europa y América pro Democracia Internacional, en los salones del hotel Tamanaco, Caracas, Venezuela”. [En: Discursos  Parlamentarios Políticos. Recopilación y Selección de Carlos Giacobone. Buenos Aires, Adelante, 1982], 49

[82] GODIO, Julio. La socialdemocracia internacional en Argentina. Su percepción sobre el radicalismo y el peronismo. Buenos Aires, CID, 1986, 79

[83] Una agrupación de los principales partidos políticos argentinos en la cual Balbín tuvo un rol importante, pero su muerte en septiembre de 1981, le hizo perder a unos de sus principales animadores.

[84]SANCHEZ, Jorge. “Cual es la ideología radical” [En: Clarín Cultural. Buenos Aires, 24 de Agosto de 1984. 

[85] Definición ostentada por el entonces Canciller Lic. Dante Caputo en mayo de 1984 durante una conferencia de prensa cuando dijo:

....Nuestro partido escoge su formación ideológica de diversas fuentes y yo creo que contiene elementos del liberalismo político y cierta corriente del socialcristianismo  esta también  recogida en el pensamiento radical. Hay elementos de la socialdemocracia... en la medida que al  mismo tiempo que se quiere impulsar procesos de desarrollo basados en el mercado y en la libertad individual. [FERRARI, Alberto y Herrera, Francisco. Los hombres del Presidente. Buenos Aires, Tarso, 1987,40]

[86] ALFONSIN, Raúl. La cuestión argentina. Buenos Aires, Torres Agüero, 1984, 103.

DEL MAZO, Gabriel. Yrigoyen... 103.

[87] ALFONSIN, Raúl. Discursos Presidenciales. Buenos Aires, Imp. Of., 1984, 153-4.

[88] ALFONSIN, Raúl. Discursos Presidenciales. Buenos Aires, Imp. Of., 1984, 6.

[89] ALFONSIN, Raúl. Discursos Presidenciales. Buenos Aires, Imp. Of., 1984, 155.

[90] ALFONSIN, Raúl. Discursos Presidenciales. Buenos Aires, Imp. Of., 1984, 36.

[91] Di Tella, Torcuato S. Hacia una estrategia de la socialdemocracia en la Argentina. Buenos Aires, Puntosur, 1989.

[92] Nos referimos al pedido de incorporación del peronismo a la internacional Demócrata Cristiana.

[93] Godio, Julio. La socialdemocracia... 76.

[94] “El  radicalismo,  en la IS”  [En:  Clarín.  Buenos Aires,  23 de Marzo de 1996],  7.

[95] GONZALEZ, Oscar y ABALO, Carlos. “Argentina: el ocaso del alfonsinismo” [En: Nueva Sociedad, 98, Caracas, Noviembre-Diciembre de 1988], 20.

[96] Entendiendo al fantasma como un cierto juego de una ausencia que se presenta para anunciar una injusticia, como fue la destitución de Illia.

[97] CAVAROZZI, Marcelo. “Peronismo y ..., 24.

[98] ALFONSIN, Raúl. Discursos Presidenciales. Buenos Aires, Imp. Of., 1984, 7.

[99] LEFORT, Claude. L’Invention..., 42.

[100] Utilizaremos la frase “mito refundacional” en un sentido levistraussiano de considerar que la elaboración de éste como instrumento instituyente de una ideología como dijera el mismo Levi-Strauss:

                Nada se asemeja más al pensamiento mítico que la ideología política. Tal vez esta no ha hacho más que reemplazar aquél en nuestras sociedades contemporáneas [LEVI-STRAUSS, Claude. Antropología estructural. Buenos Aires, Paidós, 1987, 232]

[101] ALFONSIN, Raúl. “Convocatoria para una convergencia democrática.” [En: La Nación. Buenos Aires, 1 de Diciembre de 1985], 4.

[102] En el sentido que Max Weber le da al protestantismo dentro del desarrollo capitalista. En: WEBER, Max. El capitalismo y la ética protestante. Buenos Aires, Hyspamérica, 1985.

[103] Como ejemplo el libro de LEUCO, Alfredo y DIAZ, José Antonio. Los herederos de Alfonsín. Buenos Aires, Sudamericana Planeta, 1987.

[104] LEVI-STRAUSS, Claude. Antropología..., 252.

[105] GRANOVSKY, Martín. “El Alfonsinismo. Después de la derrota de septiembre y la candidatura de Angeloz. Sombras nada más?” (En Página 12, Buenos Aires, 20 de diciembre de 1987), 11.

[106] SORIANO, Osvaldo. “El vals del adiós” [En: Página/12, Buenos Aires, 2 de Mayo de 1989], 24.

[107] TERAN, Oscar. “Son los síntomas que anuncian la disolución de la comunidad” [En: El cronista comercial. Buenos Aires, 4 de Junio de 1989], 4.

[108] MAJUL, Luis. Por que cayo Alfonsín. El nuevo terrorismo económico. Buenos Aires, Sudamericana, 1990

[109] ALFONSÍN, Raul. Democracia y consenso. Buenos Aires, Corregidor, 1996.

[110] Carta de los Argentinos. Buenos Aires, 10 de agosto de 1998.

[111] DE PRIVITELLIO, Luciano y ROMERO, Luis Alberto. Grandes discurso de la Historia Argentina. Buenos Aires, Aguilar, 2000, 439